viernes, 14 de diciembre de 2012



                              ¿ QUÉ ESTO, MI SEÑOR Y MI DIOS?

Santa Teresa en el capítulo 35 de Camino dirige una oración al Padre eterno, por Jesucristo su Hijo, en pro de la Iglesia.Interrumpe la narración y asocia a los lectores para dirigirse con ellos a Dios en alabanza, impetración y propiciación por los pecados cometidos.

Por otra parte, Teresa concibe la oración y su fe en la Eucaristía no como momentos puntuales desconectados de lla vida y de lo cotidiano. De ahí su preocupación por hacer posible la oración continua y por prolongar la Eucaristía en la vida. Que ambas impregnen la vida y la vayan modelando. Que nos eduquen a “acompañar y seguir a Cristo en los trabajos” y “a querernos estar con El”. La escuchamos:

Acordaos que hay pocas almas que le acompañen y le sigan en los trabajos; pasemos por el Señor algo, que su Majestad os lo pagará. Y acordaos también qué de personas habrá que no sólo quieran no estar con él, sino que con descomedimiento le echen de sí; pues algo hemos de pasar para que entienda le tenemos deseo de ver. Y pues todo lo sufre y sufrirá por hallar sola un alma que le reciba y tenga en sí con amor, sea ésta la vuestra.

Pues, Padre santo que estás en los cielos, ya que lo quereis y lo aceptáis y claro está no habíais de negar cosa que  tan bien nos está a nosotros, alguien ha de haber que hable por vuestro Hijo, pues él nunca tornó de sí. Seamos nosotras, hijas, aunque es atrevimiento, siendo las que somos; mas confiadas en que nos manda el Señor que pidamos, en nombre del buen Jesús, supliquemos a su Majestad… que quiera su piedad y se sirva de poner remedio para que no sea tan maltratado, y que pues su santo Hijo puso tan buen medio para que en sacrificio le podamos ofrecer muchas veces, que valga tan precioso don para que no vaya adelante tan grandísimo mal y desacatos como se hacen en los lugares adonde estaba este Santísimo Sacramento entre estos luteranos,  deshechas las iglesias, perdidos tantos sacerdotes, quitados los sacramnentos.

Pues, ¿qué es esto, mi Señor y mi Dios? O dad fin al mundo, o poned remedio en tan gravísimos males, que no hay corazón que lo sufra (CP 35,   1-4).

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