sábado, 28 de abril de 2012




TODO LO QUE TIENE FIN NO HAY QUE HACER CASO DE ELLO

Es un axioma en Teresa su convicción de la caducidad de todo lo que es temporal, y la certeza de que se puede acabar en cualquier momento, en que menos lo esperemos. Se lo dice a sí misma y se lo dice a sus monjas y a sus lectores. Comienza incluyéndose a sí misma entre los destinatarios de la doble consigna de vida y honra.

Pero sabe que sus lectoras no tienen la misma hondura de convicciones, y pasa directamente a inculcárselas: “Miréis que …, y yo os aseguro”. Hay tres momentos en el diálogo teresiano: Teresa que testifica, ella que se siente implicada en el grupo de lectoras y en la exigencia de la consigna que está impartiendo; y la interpretación expresa a “vosotras”, las lectoras. La escuchamos:


Claro está que si es verdadero religioso o verdadero orador, y pretende gozar regalos de Dios, que no ha de volver las espaldas a desear morir por él y pasar martirio. Pues ¿ ya no sabéis, hermanas, que la vida del buen religioso y que quiere ser de los allegados amigos de Dios, es un largo martirio?. Largo, porque para compararle a los que de presto los degollaban, puédese llamar largo, mas toda es corta la vida y algunas, cortísimas.

Y ¿qué sabemos si seremos de tan corta, que desde una hora o momento que nos determinemos a servir del todo a Dios se acabe? Posible sería, que, en fin, todo lo que tiene fin no hay que hacer caso de ello; y pensando que cada hora es la postrera, ¿quién no la trabajará?. Pues creedme que pensar esto es lo más seguro.

Por eso, mostrémonos a contradecir en todo nuestra voluntad, que si traéis cuidado, como he dicho, sin saber cómo, poco a poco os hallaréis en la cumbre.¡Qué gustos y deleites trae consigo esta contradicción y lo que se gana con ella! Aún en esta vida,¡qué seguridad! Aquí, como todas lo usáis, estáse lo más hecho; unas a otras se despiertan y ayudan. En esto ha  cada una procurar  ir delante de las otras (CP 12, 2-3)


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